divendres, 8 de març del 2013

EL COMIENZO DE LA IMAGINACIÓN



Kurt caminaba por un terreno yermo y baldío, envuelto en húmedas nieblas fantasmales que se cerraban sobre él y se adherían a su piel como si se tratase de manos espectrales que intentaran atraparlo con sus dedos ganchudos y pegajosos. Su respiración era pesada e irregular; tenía los pulmones ardiendo. Lo que a Kurt le sucedía eran efectos secundarios de la flor Shulbak, era venenosa pero se camuflaba muy bien y aparentaba lo que no era. Puede recordar Kurt
Kurt actualmente vive con su mujer Dalia con la que mantienen una relación desde hace cuatro años. No se habla con sus padres porqué odian su trabajo. Es una pareja bastante feliz hasta que hace seis meses a Kurt le informaron que la empresa NSW buscaba un biólogo para que viajase al Amazonas a la selva a buscar la flor de la vitalidad. La querían los ricos para sentirse más jóvenes y con ella la empresa ganaría muchísimo dinero.
Kurt tardó una semana en viajar allí donde suponemos lo que paso porque sigue delirando desde que lo trajeron de allí.  Los médicos dicen que Kurt ingirió Shulbak una planta desconocida por muchísimos sitios y únicamente conocida por las tribus cercanas a la zona del amazonas. Shulbak le ha provocado una indigestión y unos efectos secundarios muy fuertes y por eso lleva en el hospital un mes y su vida peligra. Kurt sin querer se ha convertido en el descubridor de Shulbak para el resto de países y ha cumplido su sueño en ser un gran biólogo y en demostrarlo.
A Kurt desde pequeño le gustaba muchísimo los animales, insectos y demás. Pero cuando cumplió los diez años le regalaron un microscopio con el que empezó a explorar cada día más sobre todo tipo de temas relacionados con biología y sobre todo las plantas. Así estuvo durante toda su adolescencia. A los dieciséis años, sus padres, le obligaron a trabajar en los veranos para que ahorrara y utilizase ese dinero en sus gastos por su afición hacía las plantas. Los padres de Kurt empezaban a sospechar que su hijo no estudiaría la carrera de derecho, como su padre, y que se matricularía en la de Biólogo, y quería que trabajase en algo para distraerlo. Sus padres le insistían muchísimo día tras día, hasta que  consiguió un trabajo de jardinero. Gracias al trabajo, él pudo ahorrar lo suficiente para poder marcharse de casa e independizarse para empezar sus estudios de biólogo. Y así es como Kurt se ha podido convertir en lo que es.
Y con eso nos demuestra que es mejor hacer lo que quieres, porque si lo haces, ¡lo harás bien!

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